En cuestión de segundos Iván se dirigió hacia la acera de en frente, en el bordillo había visto un paquete de tabaco gastado que alguien tiró seguramente días antes por el estado en que se encontraba. El paquete estaba sucio y aplastado. Arrancó un trozo de la minúscula parte que pensó podía utilizarse para escribir algo y me lo entregó._Ten, apunta.
Apunté presurosa mi número de teléfono pues Cristina ya comenzaba a increparme porque llegaríamos tarde a la estación.
_93-354...
| http://www.enfermeria.me/ |
Las horas siguientes fueron un continuo bombardeo de recuerdos que se acumulaban en mi cabeza pero estaba tan profundamente consternada que ahora sé que fue la propia tristeza lo que me impidió romper a llorar pues me sentía tan abatida que no tenía siquiera fuerzas para hacerlo.
A pesar de todo me dedique única y exclusivamente a consolar a Cristina durante todo el viaje de vuelta debido a otras circunstancias que le acontecieron.
Una vez en Barcelona lloré por todo lo que no había llorado aquél día y más pero esto nunca lo podrá saber Iván.
Nunca me llamó.
Los días fueron pasando, después las semanas, los meses y los años...
Existe una bella canción de uno de mis grupos favoritos que dice “No es que el tiempo lo cure todo, pero puede ayudar, yo no supe como tratarte, no doy para más...( )” que podría aplicarse perfectamente a esta narración.
Y he aquí el final de esta historia con un principio y un final que no es de cuento como muchos podríais haber pensado en un principio.
Podéis hacer una valoración y así probaros si sois más optimistas que pesimistas o a la inversa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario